No hace mucho leí que la intuición y el inconsciente tomaban mucha más importancia en nuestras decisiones que lo que uno se espera. Y menos mal, ¿se imaginan que tuviéramos que tomar un decisión consciente y meditada de todo lo que hacemos en todo momento?. Lo más seguro, que al día siguiente no saldríamos de casa, incluso dentro, nuestra vida sería imposible. A que hora me levanto, que me pongo, que hago ahora, que desayuno, a donde voy, que pienso, que siento, que decido......
Claro que si todo fuera rutinario y no tuviéramos que pensar, ni decidir, seríamos como nuestros queridos animales, que viven tan felizmente sin plantearse de donde vienen ni a donde van. ¿Quien no ha pensado alguna vez que bien vive este perro o este gato? Hay quien cuida a sus mascotas como personas, o mejor. Pero ¿te cambiarías por una de esas mimadas mascotas?. La respuesta es clara: NO. Entonces esto de tomar decisiones, la duda, la incertidumbre, la búsqueda de respuestas, la búsqueda de sentido, tiene algo que nos gusta, algo que nos hace sentir bien, a pesar de que hayan momentos en la existencia que nos plantee una serie de cuestiones que nos dejen en la más absoluta perplejidad.
Reconozco que, a veces, estando en los celajes que hablaba en la anterior entrada, uno se pierde. Tanto intelecto, tanta teoría, aburre y agobia al más sabiondo. Es por eso que hay momentos para todo, leer, trabajar, salir, compartir, reflexionar, distraerse, meditar, hacer deporte, escribir o cocinar. Lo importante como decía algún filósofo que ahora no recuerdo, todo con un sentido, aunque sea un sin sentido.
El espíritu de los blogs
Hace 7 horas