Llegan las palabras. Con fuerza, pero sin empujar, emergen desde la nada.
El pensamiento las enreda, maltratando su sencillez.
Brotando desde el lugar en el que siempre han estado,
se deslizan por la rendijas de la mente,
llegando a no se que puerto ni se a que país.
Acaso si lo supiera, allí estaría yo, esperando,
con folios en blanco extendidos y mi mano dejándose llevar.
No te preguntes por qué. Están aquí,
se pueden leer, se pueden sentir, se pueden oler
y hasta se pueden comer.
No te preguntes. Déjalas salir y entrar, volar y nadar, correr y saltar,
como cuando soñaste que tu salías del mismo lugar.
No buscan el oído, ni tampoco la sonrisa
solo esperan volver al sitio que las inspiró.
1 comentario:
Perfecto, amigo. Dejemoslas salir. Y si son sentidas...mucho mejor.
Un abrazo.
Publicar un comentario