Podría escribir una crónica de mi vida, relatar sentimientos y pensamientos que vienen y van por mi cabeza, hablar de mis creencias o no creencias, de mis miedos, mis anhelos o mis ilusiones, de los obstáculos que uno debe afrontar o de los obstáculos que nunca he podido sortear, de mi perro, del trabajo, de Libia o de Túnez, de la pobreza en el mundo, del yoga o del taichi, de natación o la educación física, la educación, la felicidad, la alegría, el amor, de cursiladas, de humor, de arte, de las medidas anticrisis o de ti.
El acto de escribir es una catarsis, una terapia, intentamos soltar lastre para que el barco navegue mejor. Uno solo con sus rumias mentales o con sus sentimientos descontrolados tiene que buscar formas de ponerlos a viaje. Y es que la mente no para. Poner en orden este barullo de emociones, informaciones que vienen y van, pensamientos que parecen torbellinos es una tarea, a veces, imposible. Hace falta entonces una parada en seco, un "no sigas comiéndote el coco".
Esa es nuestra labor: unir nuestro deseo de paz y tranquilidad con el desenfrenado ritmo al que nos vemos sometidos en el día a día, intentando integrar ese sosiego en cada cosa que haces, en cada cosa que dices, en cada cosa que piensas y sientes. Para eso debemos tener momentos en que nos sintamos profundamente en paz, relajados, centrados, con la conciencia de que el mundo puede estar "loco" ahí afuera pero mi mundo interior se mantiene inmutable, sereno. Las formas de alcanzar esta sensación son muchas y cada persona tiene su truco, escuchar música, hacer deporte, escribir, pintar, .......meditar. Meditar, aquietar la mente y tomar conciencia que somos algo más que un pensamiento.
1 comentario:
que bueno!!! recien entro y miroteo por aca...A
Publicar un comentario