No voy a inscribirme en un curso de creación literaria, aunque no me vendría mal. Soy como un pintor que no conoce las técnicas de la pintura pero que se atreve osadamente a plasmar sus colores en un cuadro. Y créanme que el pudor que siento solo lo supera la satisfacción de desahogarme. Es la función catártica de la escritura la que me mueve a sentarme ante la pantalla y teclear intentando crear un espacio íntimo, que inspire confianza tanto a mi, como a los que, por voluntad o por casualidad, llegan a esta escena en la que no hay más protagonistas que nosotros mismos. La reflexión interior que llega a la superficie, la raíz que da sus primeros brotes, el sol que sale después de una noche profunda.
Tendrá otras muchas utilidades, desde aprender a redactar hasta el de crear algo nuevo, personal, que deje la huella de alguien que pasa por aquí, en este tiempo y en este espacio. No hay más que esto, es como reivindicar mi derecho a la existencia, a que el mundo perciba mi presencia, estoy aquí, vivo, soy consciente de mi ser, aunque no sepa explicar que significa SER. Quizás sea eso otro motivo para escribir.
2 comentarios:
Tengo la certeza, de que cualquier disciplina " creativa", que lleve consigo "interpretación", ( la escritura, la musica, la pintura...) son en pirmer lugar, terapeúticas para el que las realiza, y despues, produce en quienes son testigos (oyentes, lectores, o observadores), un abanico de sensaciones y sentimientos.
Lo puedes confirmar, releyendo cada comentario que se hace a las entradas de este blog.
En fín, gracias.
Gracias a tí, Luzma.
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