martes 18 de octubre de 2011

El mundo va deprisa

El mundo va deprisa y yo voy despacio. Seguir las noticias por los medios de comunicación , o mejor dicho, las que nos venden como noticias puede ser agotador. El volcán de la Isla del Hierro, el Perro Maldito, la crisis, la Merkel, que si Mariano, que si Alfredo, encuestas, elecciones, y por supuesto, mucho fútbol, Guardiola y Mou. Esto no hay quien lo aguante.
Para los que se quieren evadir de todo este maremágnum existen programas como "sálvame" que hacen las delicias de aquellos que disfrutan metiendo las narices en la vida de los demás, aunque sepan que les pagan para enseñar, incluso inventarse trozos de su vida. Todo vale para mantener una audiencia ávida de culichicheo y evasión de la realidad.
¡Vaya panorama!
"Paren el mundo que yo me bajo", alguien decía esto ya hace tiempo. Me apunto a la próxima parada.
En fin, merecido lo tengo por dejarme llevar por ese torbellino que no es vida ni es nada. ¿Donde están esas cosas sencillas, esas cosas que no salen en la prensa, la gente que trabaja por la paz y la solidaridad?. Las pequeñas cosas que nos hacen sentir bien, que nos hacen sentir personas no las encontraremos en la prensa. Leer un periódico o ver un teledario es vivir en una realidad que no existe, es el mundo que nos hacen creer los que manejan el poder político y económico. Esa no es la realidad. Es una película de ficción con personajes que aparecen y desaparecen según convenga.
La realidad está en lo que hacemos cada uno de nosotros. Si ponemos más o menos pasión en cada minuto que respiramos, en sentir cada momento como si fuera el último, el acudir al único protagonista de tu propia vida, rescatar aquello que siempre quisiste hacer, apagar la tele y el móvil y disfrutar, simplemente con estar, con ser. Lo demás son películas inventadas por la mente de uno o de otro, proyecciones de miedos, creencias e intereses subjetivos y , casi siempre egoístas.
Que el mundo va deprisa es lo que creemos, lo que nos han hecho creer, aunque siga como siempre, a su ritmo.

1 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

En el torbellino debemos encontrar nuestro propio ritmo para que no nos ahogue. Se puede.